LIX
“Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez (…)
mientras tú sientes mucho y nada sabes,
yo, que no siento ya, todo lo sé.”
LXXXVII
“Todo a mi poderío rinde homenaje,
todos a mi corona dan vasallaje;
soy amor, rey del mundo, niña tirana;
ámame, y tú la reina
serás mañana”
LXXVII
“Dices que tienes corazón, y solo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón…. es una maquina
que al compás que se mueve hace ruido.”
LXXV
“Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.”
LXXIII
¡Dios mio, qué solos
se quedan los muertos!!
LXXI
“Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno:
Dormí y al despertar exclamé: «¡Alguno
que yo quería ha muerto»
LXVI
“En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.”
LXIV
“¡Ah barro miserable! eternamente
no podrás ni aun sufrir!
LXIII
“Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirme los recuerdos
de las pasadas horas.”
LXI
“¿Quién en fin al otro día
cuando el sol vuelva a brillar
de que pasé por el mundo?
¿Quién se acordará?
LVIII
“¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho y mañana
digámonos, adiós!”
LVI
“Hoy como ayer, mañana como hoy,
y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar… andar.”
LIII
“Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
nadie así te amará”
LII
“Olas gigantes que os rompéis bramando (…)
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,(…)
Nube de tempestad que rompe el rayo(…)
Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
Por piedad! tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!”
LI
“De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y de esta vida mortal y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.”
XLIX
“Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí:
y pasa sonriéndose y yo digo
¿Cómo puede reir?
Luego asoma a mi labio otra sonrisa
máscara del dolor,
y entonces pienso: -Acaso ella se ríe,
como me río yo.”
XLIV
“Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy hombre… y también lloro.”
XLIII
“Dejé la luz a un lado, y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.”
XLI
“Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
tenías que estrellarte o que abatirme!…
¡No pudo ser!”
XXXVIII
“Los suspiros son aire y van al aire!
Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?”
XXXVI
“Te quiero tanto aún: dejó en mi pecho
tu amor huellas tan hondas,
que sólo con que tú borrases una,
las borraba yo todas!”
XXXIII
“Es cuestión de palabras, y no obstante
ni tú ni yo jamás
después de lo pasado convendremos
en quién la culpa está.”
XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino: ella, por otro;
pero al pensar en nuestro amor,
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?
XXIII
Por una mirada, un mundo:
por una sonrisa, un cielo:
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.
XXI
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.
XV
“Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.”
XI
“-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte:
-¡Oh ven; ven tú!”
VII
“Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.”
IV
“No digáis que agotado su tesoro
de asuntos falta enmudeció la lira:
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía”
II
“Saeta que voladora
cruza arrojada al azar,
y que no se sabe donde
temblando se clavará;
(…)
Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de donde vengo ni a donde
mis pasos me llevarán.”
I
“Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,”
